Como no podía ser menos en un viaje del Papa a Francia, la cuestión de la laicidad era uno de los temas más esperados. En su discurso ante el presidente de la República Nicolás Sarkozy, y las autoridades del Estado en el Elíseo, Benedicto XVI reivindicó la importancia de la laicidad y, a la vez, la contribución de la Iglesia para iluminar los problemas éticos que se plantean en la sociedad.

Al referirse a las relaciones entre el campo político y el religioso, recordó que “Cristo ya ofreció el criterio para encontrar una justa solución a este problema al responder a una pregunta que le hicieron afirmando: ‘Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios’. La Iglesia en Francia goza actualmente de un régimen de libertad. La desconfianza del pasado se ha transformado paulatinamente en un diálogo sereno y positivo, que se consolida cada vez más”.

Benedicto XVI evocó la expresión “laicidad positiva” utilizada por el propio presidente Sarkozy en su visita a Roma hace nueve meses. El Papa dijo estar convencido de que “es cada vez más necesaria una nueva reflexión sobre el significado auténtico y sobre la importancia de la laicidad”.

El modo de entender la laicidad

Sobre el modo de entender la laicidad, explicó que “es fundamental, por una parte, insistir en la distinción entre el ámbito político y el religioso para tutelar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos, como la responsabilidad del Estado hacia ellos”.

A la vez, como saliendo al paso de los que consideran una intromisión los pronunciamientos de la Iglesia sobre temas sociales, advirtió que es necesario también “adquirir una más clara conciencia de las funciones insustituibles de la religión para la formación de las conciencias y de la contribución que puede aportar, junto a otras instancias, para la creación de un consenso ético de fondo en la sociedad.”

Aludiendo a que Francia ocupa en estos momentos la presidencia de la Unión Europea, el Papa subrayó que la promoción coherente de los derechos humanos puede potenciar el apoyo de los ciudadanos a la construcción de la Unión.

“Cuando el europeo llegue a experimentar personalmente que los derechos inalienables del ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, así como los concernientes a su educación libre, su vida familiar, su trabajo, sin olvidar naturalmente sus derechos religiosos, cuando este europeo, por tanto, entienda que estos derechos, que constituyen una unidad indisociable, están siendo promovidos y respetados, entonces comprenderá plenamente la grandeza de la construcción de la Unión y llegará a ser su artífice activo.”

Sarkozy: sería una locura privarnos de las religiones

El presidente francés se colocó en la misma órbita de laicidad positiva al dirigir su discurso de bienvenida a Benedicto XVI. Las religiones, “y en particular la religión cristiana, con la que compartimos una larga historia, son patrimonios vivos de la reflexión y del pensamiento, no sólo sobre Dios, sino también sobre el hombre, sobre la sociedad, y también sobre esa preocupación que hoy es central, la naturaleza”, reconoció el mandatario francés.

“Sería una locura privarnos de las religiones, una falta contra la cultura y contra el pensamiento. Por este motivo, reivindico una laicidad positiva”, añadió. “La laicidad positiva ofrece a nuestras conciencias la posibilidad de llegar a un intercambio, más allá de las creencias y ritos, sobre el sentido que queremos dar a nuestras existencias”.

“La laicidad positiva, la laicidad abierta, es una invitación al diálogo, a la tolerancia y al respeto”, reconoció. “Es una oportunidad, un aliento, una dimensión suplementaria al debate público. Es un aliento para las religiones, así como para todas las corrientes de pensamiento”.

El presidente mencionó algunos campos en que la doctrina de la Iglesia puede hacer una aportación fecunda a problemas actuales. Entre ellos, destacó “la moralización del capitalismo financiero”, para que el crecimiento económico esté al servicio del mayor número de personas, enseñanza que “forma parte del corazón de la doctrina social de la Iglesia”.

A continuación, el presidente evocó la visita del Papa a Lourdes, subrayando que la respuesta de la Iglesia al sufrimiento no interesa sólo al mundo católico. “El sufrimiento, causado por la enfermedad, la discapacidad, la desesperanza, la muerte o simplemente el mal, es sin duda una de los principales interrogantes que plantea la vida a la fe o a la esperanza humana. En este sentido, lo que usted les dirá a los enfermos será escuchado mucho más allá de la comunidad católica”.

No es un peligro para la democracia

Por último, Sarkozy destacó la importancia del diálogo interreligioso para la búsqueda de la paz, con una reflexión muy distinta de los que ven las religiones como fuente de conflictos.

“El diálogo con y entre las religiones es un desafío de primer orden del siglo que nace. Los responsables políticos no pueden desinteresarse de él. Pero sólo pueden contribuir si respetan a las religiones. Pues no hay diálogo sin confianza, y no hay confianza sin respeto”.

“Sí, yo respeto las religiones, todas las religiones –añadió Sarkozy–. Conozco los errores que han cometido en el pasado y los integrismos que las amenazan, pero soy consciente del papel que han desempeñado en la edificación de la humanidad”.

“Soy consciente de la importancia de las religiones para responder a la necesidad de esperanza de los hombres y no la desprecio. La búsqueda de espiritualidad no es un peligro para la democracia, no es un peligro para la laicidad”, afirmó.

A los intelectuales: vínculos y libertad

En su encuentro con el mundo de la cultura en el Colegio delos Bernardinos en París, un antiguo recinto monástico, Benedicto XVI les habló del origen del monaquismo para acabar haciendo referencia a situaciones de la cultura actual.

Hizo ver que los monjes no pretendían crear cultura, sino buscar a Dios. Pero el camino era la Palabra de Dios, que estaba en las Sagradas Escrituras e introducía en la oración. Por eso el deseo de Dios les llevó naturalmente a amar las letras, a valorar y cuidar la biblioteca, la escuela, y al nacimiento de la gran música occidental. Todo eso está en las raíces de la cultura europea.

A propósito de la necesidad de interpretación de la Escritura, les habló del problema cultural de la tensión entre vínculo y libertad. “La Escritura –afirmó– precisa de interpretación, y precisa de la comunidad en la que se ha formado y es vivida”. “Por su misma naturaleza –añadió–excluye todo lo que hoy se llama fundamentalismo. La misma Palabra de Dios, de hecho, nunca está presente ya en la simple literalidad del texto”.

Pero la interpretación no equivale a puro subjetivismo, advirtió. “Esa tensión se presenta de nuevo también a nuestra generación como un reto frente a los extremos de la arbitrariedad subjetiva, por una parte, y del fanatismo fundamentalista, por otra, Sería fatal, si la cultura europea de hoy llegase a entender la libertad sólo como la falta total de vínculos y con esto favoreciese inevitablemente el fanatismo y la arbitrariedad. Falta de vínculos y arbitrariedad no son la libertad, sino su destrucción.”

Asimismo insistió en el carácter razonable del cristianismo. Podemos conocer a Dios porque se ha revelado en Jesucristo. Esto es un hecho, pero no un hecho ciego sino razonable, pues Jesucristo es el “Logos”, la Razón hecha carne. Hoy, aunque la cultura parece olvidar a Dio, hay una inquietud tácita por hacerse la pregunta sobre Él. “Una cultura meramente positivista que circunscribiera al campo subjetivo como no científica la pregunta sobre Dios, sería la capitulación de la razón, la renuncia a sus posibilidades más elevadas y consiguientemente una ruina del humanismo, cuyas consecuencias no podrían ser más graves. Lo que es la base de la cultura de Europa, la búsqueda de Dios y la disponibilidad para escucharle, sigue siendo aún hoy el fundamento de toda verdadera cultura”.