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Evangelizar: compartir la vida, el pan y la Palabra (II)

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Punto de partida

Evangelizar: compartir la vida, el pan y la Palabra (II)  

Como a lo largo de la serie, al hablar del proceso evangelístico, vamos a tocar temas evangelísticos en relación con la cultura, con la sociedad, con las estructuras sociales, con los pobres y con las víctimas del mundo, incluyendo las víctimas de la incredulidad, queremos dejar sentados unos puntos de partida, unas realidades fundantes, unas experiencias posibilitantes de la evangelización, sin las cuales el proceso evangelístico no sería tal. Son unos posibilitantes y experiencias fundantes de la evangelización que vamos a tener en cuenta en toda la serie. Será nuestro punto de partida y nuestra realidad fundante de toda la serie.

 
Para ello, queremos dejar claro en este inicio, para recordarlo cuando entremos por otros horizontes en los que esperamos que nos acompañéis, que para evangelizar, para cumplir con La Gran Tarea -o Gran Comisión como dicen algunos- de llevar el Evangelio a todo el mundo, de ser testigos y proclamar La Buena Noticia y el nombre de Jesús, se necesita la experiencia de conversión, la obra del Espíritu de Dios en nuestras vidas. Esto estará presente en toda la serie.  

Para evangelizar a una sociedad que, en gran parte, va de vuelta de muchos esfuerzos evangelísticos realizados en el pasado, para comunicar el Evangelio a una sociedad que ha pasado por grandes procesos de secularización y que parece que se va alejando de Dios progresivamente, para evangelizar a una sociedad a la que, quizás, en muchos casos, se le ha presentado un rostro falso de Dios y unas pautas de vivencia religiosa que, probablemente, no se corresponden con la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana genuina, para presentarles hoy el verdadero rostro del Dios vivo a personas que viven tantos tipos de idolatrías o vuelven a las experiencias de los falsos demonios del pasado, se necesitan hombres que vivan una auténtica y renovada experiencia de Dios. Por eso, aunque a lo largo de la serie, y según las temáticas que tratemos en relación con la evangelización, no se repitan machaconamente estos conceptos clave, siempre estarán presentes. Recordadlo.

Los puntos de partida de todo proceso evangelístico, las experiencias fundantes, las realidades posibilitantes de la evangelización, no son el reunirse para trazar nuevas estrategias evangelísticas -no se trata de vender un producto-, no es el hacer grandes inversiones en agencias evangelísticas que organicen y planifiquen cómo hacer que La Palabra llegue a todo el mundo, no se trata, como punto de partida, de evaluar si es más importante la palabra o la acción social evangelizadora, no se trata simplemente de ver si hay otros tipos de lenguajes o gestos que puedan comunicar mensajes que puedan comunicar más efectivamente que la simple verbalización, no se trata de traer evangelistas profesionales con líneas evangelísticas novedosas, no se trata de usar gente con gran capacidad para el trabajo, los viajes y la interpretación de las culturas. Es posible que de todo esto tratemos en la serie, pero las experiencias fundantes del proceso evangelísticos deben ser otras.

Lo fundante en el proceso evangelizador, lo que debe estar en el punto de partida, las experiencias posibilitantes de todo proceso evangelístico, es que la evangelización sea llevada a cabo por personas que han tenido un encuentro personal con Dios, guiados por el Espíritu de Dios, transformados por este Espíritu divino, el Consolador, que nos guía a toda verdad. De lo contrario, por mucha profesionalidad que haya en las agencias evangelizadoras, por mucha estrategia y planificación del proceso, por mucho que se hable, se explique y se lea La Palabra, quedará en letra muerta y caerá como nieve fría en los corazones de los escuchantes. Así, aunque analicemos en los próximos artículos diferentes temáticas y perspectivas en relación con la evangelización, siempre debemos estar apoyados en estas realidades fundantes.

Sin la fuerza del Espíritu y sin la experiencia de salvación de los que se comprometen en el proceso evangelístico, lo que llamamos evangelización será un proceso de hacer prosélitos, una actividad profesional propagandística que no cambiará los valores sociales ni los corazones de las personas. Una evangelización que, como máximo, hará devotos, cumplidores del ritual, personas que hacen una alabanza enlatada, congelada y de autoconsumo, personas con unos dones de autolucimiento. Crearemos religiosos que no están religados a la experiencia de la auténtica espiritualidad cristiana, religiosos que no están religados al Dios de la vida. Crearemos iglesias que quieren ser evangelizadoras sin estar evangelizadas, iglesias del antirreino que meten en su seno los valores antibíblicos y que viven como los que no tienen esperanza. No es ese el tipo de evangelización que nosotros vamos a defender a lo largo de esta serie.

La evangelización de la que queremos hablar, es la que surge de personas que han sido llenas del Espíritu de Dios y no pueden callar, de personas que, necesariamente, tienen que actuar y cambiar sus prioridades y estilos de vida, de personas con otros estilos de comportamiento… de personas que andan como vivos entre los muertos, personas que comparten y actualizan en el mundo la experiencia salvadora, que la hacen presente a Dios en las vidas de las personas, de las sociedades, de las culturas, que son solidarios con los pobres del mundo, con la justicia y con la paz, que llevan su influencia positiva y con nuevos valores a los focos de conflicto, que dignifican a los privados de dignidad y tienden una mano de liberación a las víctimas del mundo, sean víctimas de la incredulidad, de la pobreza, de la opresión o del sufrimiento. Personas que pueden reír con los que ríen y llorar con los que lloran.

Evangelizar es, con la ayuda del Espíritu de Dios, actualizar la experiencia de salvación, sea con La Palabra, con la acción, compartiendo la vida o compartiendo el pan. Evangelizar es llevar el poder de Dios a todo aquel que no cree.

Queremos que este artículo sea fundante de todo lo que va a venir después, se recuerde y se tenga en cuenta cuando entremos en las aristas y diferentes aspectos del proceso evangelístico que vamos a tratar a lo largo de la serie.

Esperamos que nos acompañéis en medio de todos los vericuetos en los que nos vamos a meter, pero esperamos también que no se nos confunda con comunicadores de una simple experiencia social que promociona humanamente a los hombres, buscando justicia, pero alejados de la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana, de la vivencia del Espíritu de Dios que mora en nosotros. Es por esta vivencia genuina que podemos evangelizar y hablar de evangelización como una experiencia de compartir la vida, el pan y la palabra, como experiencia salvadora, liberadora, transformadora y esperanzadora… con la visión y la ayuda que nos da el haber tenido un encuentro personal con nuestro Dios.

Sólo a Él queremos servir. Acordaos de estos puntos de partida posibilitantes de la evangelización que defenderemos en esta serie -aunque no los hagamos repetitivos-, serie que estará llena de matices diversos en cada artículo.

Artículos anteriores de esta serie:
     
  1   Evangelizar: más que palabras  

 

Juan Simarro es Licenciado en Filosofía, escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid

http://www.protestantedigital.com/new/nowleerarticulo.php?a=2344

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Written by Ricardo Paulo Javier

septiembre 9, 2008 a 9:41 am

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