lugo.jpgMuy lejos de comenzar una etapa de transformación política, como se suponía cuando asumió la presidencia del Paraguay hace menos de un mes y reflotando viejos fantasmas de golpes militares, un pasado no muy lejano en el país, el ex obispo paraguayo, Fernando Lugo, sorprendió y conmovió a propios y ajenos, denunciando a través de un mensaje que se emitió por televisión, la existencia de un concreto plan para derrocarlo.

Es que la noticia de la reunión que varios líderes políticos, entre los que se cuentan el presidente saliente, Nicanor Duarte Frutos, el presidente del Congreso y ultra oviedista, Enrique González Quintana, Ruben Candia, Fiscal General del Estado, Juan Manuel Morales, a cargo de la Justicia Electoral y Lino Oviedo, con quien el ex religioso supo hacer buenas migas luego de las elecciones en ocasión de lograr un acuerdo que le sume votos a favor en el Congreso, mantuvieron el último domingo en la casa de Oviedo con el General del Ejército Máximo Díaz Cáceres, representante de las Fuerzas Armadas paraguayas y enlace en el Congreso, no hizo más que convencer al mandatario que algo non sancto se está tejiendo a sus espaldas y por ello llamó a estar alerta a sus ciudadanos acerca de las intenciones de un sector que según el tiene fines divisorios.

La verdad que sería lamentable, que justamente en este momento cuando parecía que con Lugo al frente del ejecutivo el Paraguay recuperaría algo de la grandeza perdida y robada durante los 61 años que el Partido Colorado se perpetuó en el poder, sobre la base y gracias a aceitados mecanismos de corrupción que supieron repetir y repetir.

Foto: Clarín