paki.jpgCasi siguiendo el mismo camino del primer ministro israelí, Ehud Olmert, quien también tuvo que salir por la puerta de servicio ante la ola de denuncias en su contra, el presidente de Pakistán, el general Pervez Musharraf, renunció a su cargo escapándole a un juicio en su contra por traición, desaparición de personas y violación de la constitución, sin hacer mucho berrinche, por supuesto, porque claro, todo esto podría haberlo conducido a la horca por la gravedad de los cargos y la rígida legislación pakistaní que lo contempla.

Con la amenaza del juicio político en sus espaldas y la decisión de las fuerzas armadas de soltarle la mano que le habían sabido tender, Musharaff, dejó vacante su puesto, que a partir de ahora y hasta que el Parlamento decida, será ocupado interinamente por el presidente del senado y lo hizo a través de un largo y emotivo mensaje que se emitió por la televisión local, en el cual defendió su honor pero no hizo ninguna alusión a los horrores cometidos (el que calla otorga, dicen…) en el transcurso de la dictadura militar que encabezó durante nueve años y que incluye la terrible acusación de haber hecho desaparecer personas, tal es el caso de la líder del Partido del Pueblo paquistaní, Benazir Bhutto, cuyo viudo ahora al frente de la agrupación política, se cree tuvo mucho que ver con la salida de este del poder.

Pero con Musharaff afuera, no solamente se complicará aún más el crítico presente que ya venía afrontando el país con una difícil situación económica y los cruentos enfrentamientos fundamentalistas, sino que además es una muy mala noticia para los Estados Unidos, quien ya viene golpeado por el conflicto de otro aliado, Georgia y quien había depositado en Musharaff un voto de confianza, convirtiéndolo en un importante amigo en una región que le era por demás hostil a sus intereses.

Foto: Canal Caracol